El magnicidio es una práctica común para detener avance de gobiernos progresistas

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Posted 17 agosto, 2018 by Milagros Quast in INFORMACIONES
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Venezuela no es la única nación amenazada con planes violentos destinados a desplazar sistemas progresistas de Gobierno y detener la aplicación de políticas diferentes a las ordenadas por el imperialismo. En Chile, Libia e Irak, por ejemplo, Jefes de Estado han resultado asesinados por oponerse a los dictámenes del imperialismo.

En Venezuela, país que desde hace 19 años se declaró soberano e independiente y antiimperialista, el pasado 4 de agosto se produjo un intento de magnicidio contra el jefe de Estado, Nicolás Maduro.

En el país bolivariano, el uso de la violencia como un mecanismo para conquistar el poder político no es parte de la cultura. A diferencia de Colombia, nación que perdió a destacados líderes sociales y políticos en el siglo XX, atentados y magnicidios son acontecimientos inusuales en el territorio.

En el siglo XX solo se registra un episodio magnicida, siendo la víctima Carlos Delgado Chalbaud, quien fuera presidente de la Junta de Gobierno surgida a raíz del derrocamiento de Rómulo Gallegos (1948).

El 13 de noviembre de 1950, a la edad de 41 años, Delgado Chalbaud pereció a manos de Rafael Simón Urbina, quien orquestó el secuestro y posterior asesinato del mandatario nacional en una vivienda ubicada en la urbanización Las Mercedes, en Caracas.

Diez años más tarde, en 1960, ocurre un atentado frustrado contra el entonces presidente de la República, Rómulo Betancourt. En complicidad con miembros de la extrema derecha, el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, organizó la colocación de un carro bomba que estalló al paso de la caravana presidencial en el desfile del 139 aniversario de la Batalla de Carabobo.

El crimen, que cobró la vida del jefe de la Casa Militar, Ramón Armas Pérez, produjo quemaduras serveras en las manos y el rostro de Betancourt.

El magnicidio frustrado contra Rómulo Betancourt constituyó el primer intento de asesinato dirigido a un Jefe de Estado venezolano desde el exterior, específicamente con participación directa de un Gobierno.

58 años después de aquel suceso, Venezuela intentó ser sacudida con la ejecución de la operación Yunque-Martillo, cuyo objetivo era asesinar al presidente de la República Nicolás Maduro, durante el acto conmemorativo del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), celebrado en la avenida Bolívar, en Caracas.

El plan, en el que aparece mencionado el exdiputado de la Asamblea Nacional (AN) en desacato y prófugo de la justicia, Julio Borges, consistía en la explosión de dos aeronaves tripuladas a distancias (drone), contentivas de un kilogramo de C4, en la tarima presidencial.

El acto magnicida, sin embargo, no se concretó. Uno de los artefactos explotó frente a la tarima principal, mientras que el segundo se desorientò gracias a los mecanismos de inhibición de señales, tomò otro rumbo y estalló contra el 2 piso del edificio Don Eduardo, ubicado en la avenida Este 12, en la urbanización Santa Rosalía., a varias cuadras del lugar.

Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia, habría participado en la planificación del atentado, de acuerdo con denuncias realizadas por el Presidente Nicolás Maduro. Precisamente, en territorio neogranadino fueron entrenados los integrantes de la célula terrorista encargada de activar la operación. El financiamiento, refieren investigaciones judiciales, provino de Estados Unidos (EEUU).

Entre las razones del magnicidio frustrado no deja de perfilarse la intención estadounidense de adueñarse de los recursos naturales, utilizando como títere a la derecha, sector que ansía retomar el poder político de la nación. No obstante, la entrada en vigencia del programa de recuperación económica, prevista para el próximo 20 de agosto, fue el acelerante de las acciones violentas.

Las medidas económicas, anunciadas por el Jefe de Estado, contemplan, entre otras: la circulación de un nuevo cono monetario, denominado Bolívar Soberano; en anclaje de la moneda a la criptomoneda nacional, el Petro y la reorganización del subsidio a la gasolina a través del Censo Nacional Automotor.

Magnicidios en otras latitudes
La historia destaca las muertes de John Fitzgerald Kennedy, presidente de Estados Unidos quien comenzó su período de gobierno en 1961, murió producto de varios disparos propinados por Lee Harvey Oswald, mientras realizaba una visita por el estado de Texas el 22 de noviembre de 1963.

Por su parte, Jorge Eliécer Gaitán falleció el 9 de abril de 1948 en el contexto de la IX Conferencia Panamericana, realizada en Bogotá, Colombia. Ese día, el líder político, quien tenía previsto recibir a un grupo de estudiantes internacionales, entre ellos Fidel Castro, cayó víctima de tres disparos perpetrados en su contra por Juan Roa Sierra.

Con la muerte de Gaitán, quien se perfiló como ferviente defensor de las reivindicaciones populares, se suscitaron enfrentamientos entre liberales y conservadores, así como una fuerte represión policial que produjo un aproximado de 3 mil fallecidos y desaparecidos y daños estructurales en más de 140 edificaciones.

El conocido Bogotazo fue el punto de partida de inflexión que derivó en el nacimiento de la insurgencia guerrillera en Colombia., que se prolongó por sesenta años

Instaurada la figura del magnicidio en la práctica política, Colombia presenció los asesinatos de Rodrigo Lara Bonilla, en 1984 y Hernando Baquero y Guillermo Cano en 1986 a manos de sicarios contratados por el narcoterrorista Pablo Escobar.

El líder del Cartel de Medellín también estuvo detrás de la muerte de Luis Carlos Galán, ocurrida el 18 de agosto de 1989 previo al inicio de su discurso electoral en el municipio Soacha, en la población de Cundinamarca.
Galán, quien había recibido amenazas un mes antes de su deceso, recibió varios impactos de bala. En el magnicidio murió además el concejal de Soacha, Julio César Peñaloza y su escolta Santiago Cuervo.

Allende, Husein y Gadaffi

En la categoría de magnicidio, entran las muertes de Salvado Allende (1973), Sadan Husein (2006) y Muamar el Gadafi (2011), quienes perdieron la vida durante acciones promovidas por gobiernos extranjeros.

Allende, quien fuera Presidente de Chile entre 1970 y 1973, de acuerdo con la opinión generalizada, falleció producto del suicidio cometido el 11 de septiembre de 1973, fecha en la cual fue derrocado por un golpe de Estado, encabezado por Augusto Pinochet.

Durante su gestión, intentó llevar a Chile por la vía democrática hacia el socialismo. Entre sus logros destacan la reforma agraria y la nacionalización del cobre.

Sadan Husein, por su parte, fue ejecutado a manos de tropas de EEUU el 30 de diciembre de 2006. El expresidente de Irak fue capturado luego que fuerzas estadounidenses invadiera la nación en abril de 2003, argumentando apoyo de su Gobierno al grupo terrorista Al Qaeda en el uso de armas de destrucción masiva y armas químicas, así como la presunta violación de derechos humanos.

Muamar el Gadaffi, quien dirigió los destinos de Libia entre 1969 y 2011, murió ejecutado a manos de soldados rebeldes, luego de la intervención militar en la nación africana, ocurrida en el contexto de la denominada Primavera Árabe.
Gadaffi, cuyas políticas parecían oponerse a los designios de las potencias extranjeras, unificó a Libia e impulsó el desarrollo social y económico de la nación africana.

En el caso de Irak y Libia, ambas naciones, actualmente, se encuentran sumidos en crisis política, económica y social producto en parte por la injerencia de gobiernos extranjeros en asuntos internos.

África y la agenda de magnicidios
Las ansias de poder de las potencias extranjeras se resumen a la intención de apropiarse de sus recursos naturales. En este sentido, países de África son azotados con planes de magnicidio contra sus principales líderes.

Desde 1963 hasta 2015, 22 Presidentes han sido víctima de asesinatos mientras detentaban el poder. La lista inicie con Sylvanus Olympo, presidente de Togo, y concluye con Muamar el Gadaffi, líder de Libia.

Por: Karelis González

Fuente: AVN


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