60 años del primer 26 de Julio en Revolución

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Posted 26 julio, 2019 by Norelys Sánchez in INFORMACIONES
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Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la concentración campesina del 26 de julio de 1959 en La Habana.

Distinguidos líderes revolucionarios de la América Latina que hacen el honor de visitarnos;

Campesinos heroicos de Cuba;

Compatriotas todos:

Es difícil que en un día como hoy, tan lleno de recuerdos para todos nosotros, no nos sintamos embargados por la más profunda de las emociones. Es difícil que en una tarde como hoy, en un día de victoria para la patria, de honores para nuestra nación y en que además se han expresado tan extraordinarias muestras de solidaridad con el que les habla, no me sienta como se sentía nuestro compañero de lucha en la Sierra Maestra, el primer campesino que se sumó a las filas del Ejército Rebelde y hoy comandante, Crescencio Pérez (APLAUSOS), porque al fin y al cabo estamos hechos de la misma fibra, y es imposible que por grandes que hayan sido las muestras de afecto anteriormente recibidas puedan pasar sobre nuestro ánimo sin hacer y marcar una huella profunda.

Al hablarles en estos instantes, la primera pregunta, la primera idea que me venía a la mente era preguntarme por qué tiene que pesar sobre un ciudadano igual que ustedes un peso tan grande de gratitud con su pueblo por las muestras excesivamente generosas que le han dado de cariño y adhesión (APLAUSOS); por qué, si en definitiva no hemos hecho más que tratar de cumplir con el deber, si en definitiva esta no es obra de un hombre sino la obra de un pueblo, no es el mérito de un hombre sino el mérito de un pueblo, no es la gloria de un hombre sino la gloria de un pueblo y, sobre todo, la gloria de los hombres que han caído por hacer posible estos instantes de felicidad que Cuba vive (APLAUSOS).

Me preguntaba también por qué esa muestra de júbilo extraordinario al anunciarse que sencillamente acataba la voluntad del pueblo cuando me demandaba reintegrarme de nuevo al cargo de Primer Ministro (APLAUSOS).

Y la única explicación lógica, que no puede estar en la obra modesta que hasta aquí hemos realizado, la única explicación lógica de ese júbilo, es que el pueblo sabe perfectamente bien que a mí los cargos no me interesan (APLAUSOS); es que el pueblo sabe perfectamente bien que no estoy dispuesto a sacrificar un ápice de las conveniencias de la nación, que no estoy dispuesto a sacrificar un ápice de mi sentido del deber y del desinterés que me ha inspirado siempre en esta lucha, ni por el cargo de Primer Ministro ni por todos los cargos de Primer Ministro del mundo juntos (APLAUSOS). Porque el pueblo sabe que el cargo para nosotros es simplemente un lugar de sacrificio, un puesto de trabajo, es por lo que se explica únicamente ese júbilo, porque así reaccionan los pueblos: ¡Jamás están con los ambiciosos, jamás están con los interesados! (APLAUSOS), y jamás estarían pidiendo el regreso a un cargo a quien lo estuviera ambicionando, porque si de algo estaba cansada nuestra patria era de ambiciosos, era de gente interesada, de hombres que no eran capaces de sacrificarse por los intereses de la nación.

Esa es para mí la única explicación lógica, porque no puede tener otra cuando no hago sino cumplir con un deseo del pueblo, cuando no hago sino olvidarme de todas las campañas que fuera de Cuba puedan hacer contra nosotros, para prestar oídos simplemente a aquellos con los que podremos contar hoy y siempre (APLAUSOS), para hacerles caso a aquellos que de veras nos conocen, para hacerles caso a aquellos que de veras nos comprenden, y para hacerles caso a aquellos que junto a nosotros están dispuestos a morir defendiendo esta obra sagrada de nuestra Revolución (APLAUSOS); y porque nuestro propio pueblo es la mejor prueba, porque nuestro propio pueblo habla por sí mismo y trasmite este mensaje a todos los pueblos hermanos del continente americano (APLAUSOS): Los pueblos no apoyan jamás a un gobierno sin razón, los pueblos no respaldan jamás a sus líderes sin razón.

Y a los que en el extranjero nos calumnian, a los que en el extranjero nos detractan, a los que hablando de democracia nos calumnian, ningún argumento mejor que el millón y tantos de cubanos que se han reunido aquí en la tarde de hoy (APLAUSOS).

A los que en nombre o invocando hipócritamente la palabra democracia nos calumnian, podemos decirles: ¡Democracia es esto! Democracia es el cumplimiento de la voluntad de los pueblos. Democracia es, como dijera Lincoln, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (APLAUSOS).

Gobierno que no sea del pueblo, no es democracia. Gobierno que no sea por el pueblo, no es democracia. Gobierno que no sea para el pueblo, no es democracia (APLAUSOS).

¿Y qué ha sido el Gobierno de la Revolución Cubana desde el Primero de enero de 1959 sino el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? (APLAUSOS.) Gobierno del pueblo no para un grupo privilegiado del pueblo; gobierno del pueblo no para una oligarquía que somete a la explotación al pueblo; gobierno del pueblo no para una casta de militares o de politiqueros, como habíamos tenido siempre en Cuba. Gobierno del pueblo para todo el pueblo: ¡Eso si es democracia! (APLAUSOS.)

Gobierno no para los latifundistas, como había sido hasta hoy, ni para los grandes intereses, como había sido hasta hoy, sino gobierno del pueblo, por el pueblo y para los campesinos, en primer lugar (APLAUSOS). Para los campesinos en primer lugar, porque lo que nadie puede negar es que los campesinos constituían la parte más olvidada y sufrida de nuestro pueblo (APLAUSOS). Gobierno del pueblo, por el pueblo y para los humildes en primer lugar, porque los humildes constituyen la parte mayoritaria de nuestro pueblo y la parte más sufrida y más olvidada de nuestro pueblo (APLAUSOS).

Y para los que no entiendan o no quieran entender, ese es el secreto de la fuerza tremenda de la Revolución Cubana, que no está en haber derrocado a la tiranía sangrienta que nos oprimía, porque pudo haberse derrocado a la tiranía y mantenerse en el país las condiciones que hicieron posible esa tiranía; pudo haberse derrocado a la tiranía y ocurrir un simple cambio de hombres en el gobierno; pudo haber sido derrocada la tiranía y perpetuarse en la vida pública de nuestro país los mismos vicios que estábamos padeciendo desde el inicio de la república; pudo haberse derrocado a la tiranía para seguir en la politiquería. Mas no fue así. Se derrocó a la tiranía para hacer una revolución; se derrocó a la tiranía no solo para librar al pueblo del crimen y el asesinato y la tortura y la opresión, sino también para librar al pueblo de la miseria, tan criminal y tan cruel como la tiranía derrocada (APLAUSOS).

Ese es el secreto de nuestra Revolución, de la fuerza de nuestra Revolución, que volvió sus ojos hacia la parte más necesitada y sufrida de nuestro pueblo, que volvió los ojos hacia los humildes para ayudarlos. Y ese es el único crimen que hemos cometido; dejar de ser vendidos gobernantes a los grandes intereses nacionales o extranjeros, para ser gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (APLAUSOS).

Ese es, a los ojos de nuestros detractores y a los ojos de nuestros enemigos, el crimen que hemos cometido: volver los ojos hacia los olvidados de siempre, volver los ojos hacia quienes necesitaban de nosotros, volver los ojos a los que realmente aquí necesitaban de una revolución que los librase de tantos males y de tantos sufrimientos (APLAUSOS).

¿Y cómo lo hemos hecho? La Revolución no conquistó el poder mediante un golpe de Estado —porque, además, los golpes de Estado casi nunca, o nunca, llegan a ser revoluciones—; no conquistamos el poder por medio del fraude o de la politiquería; no le hemos privado desde el poder absolutamente a nadie su derecho a opinar libremente, su derecho a escribir libremente y su derecho a expresarse libremente. No es que hemos hablado nosotros prohibiéndoles a los demás que hablen; no es que hemos expuesto nuestras razones prohibiéndoles a los demás que las expongan; no es que estemos conquistando a la ciudadanía prohibiéndoles a los demás la oportunidad de conquistarla con razones, si es que las tienen (APLAUSOS); ni conquistamos el poder mediante la traición, mediante motines militares, o mediante el fraude, o mediante la politiquería, o mediante el engaño; ni desde el poder le hemos privado a nadie de uno solo de sus derechos.

Conquistamos el poder luchando junto al pueblo, combatiendo una de las más feroces tiranías que ha sufrido este continente, y pagando día a día un precio muy elevado de sangre, dejando el camino regado de muertos heroicos, hemos llegado al triunfo revolucionario mediante el sacrificio, mediante la lucha. Hemos pagado un precio muy alto por ese triunfo.

Hemos llegado al poder no contra el pueblo, sino con el pueblo. Hemos llegado al poder no para sacrificar al pueblo, sino para redimir al pueblo. Y desde el poder no ponemos nuestros ojos en la fuerza. Desde el poder no nos consideramos seguros porque tengamos soldados bien armados, o porque tengamos tanques, o porque tengamos cañones, o porque tengamos aviones; ¡nos sentimos seguros y nos sentimos sólidos sencillamente porque tenemos al pueblo! (APLAUSOS.)

Con el pueblo derrocamos a la tiranía, con el pueblo estamos gobernando y para el pueblo estamos gobernando, por eso el pueblo está y estará junto a nosotros (APLAUSOS).

Los que quieran saber lo que es una verdadera democracia, que vengan a Cuba (APLAUSOS); los que quieran saber lo que es un pueblo gobernando, que vengan a Cuba (APLAUSOS); los que quieran conocer de un país donde el pueblo lo es todo, donde la palabra pueblo tiene su significado real, no teórico, que vengan a Cuba (APLAUSOS); los que invocando hipócritamente la palabra democracia nos calumnian, que vengan a Cuba para que sepan lo que es una democracia (APLAUSOS). Y una democracia tan pura y tan limpia, que la democracia engendrada en nuestra Revolución nos recuerda la primera democracia del mundo: la democracia griega, donde el pueblo, en la plaza pública, discutía y decidía sobre su destino. Con una diferencia, que en Grecia solo discutían los amos de los esclavos, y en Cuba hay una democracia donde el pueblo discute directamente sus problemas y donde todo el mundo puede opinar, porque es una democracia, aspira a ser una democracia sin esclavos, sin amos (APLAUSOS), una democracia sin ilotas, una democracia donde los hombres tengan por igual plenos derechos. Y los ilotas de nuestra patria son los campesinos. Si en Grecia era un grupo de hombres que no tenía acceso a los medios de vida y hombres privados de sus derechos, eso eran nuestros campesinos: hombres sin medios de vida y hombres virtualmente privados de sus derechos (APLAUSOS PROLONGADOS).

Al campesino no solo se le negaba la tierra, al campesino se le negaba hasta la educación, ¡al campesino se le negaba hasta la oportunidad de aprender a leer y a escribir! Al campesino no se le privaba solo del derecho a la tierra, ¡se le privaba hasta del derecho a la vida! Porque es bueno que se sepa que muchas veces a los campesinos se les mueren los hijos porque no tienen medicinas ni médicos para ellos (EXCLAMACIONES y APLAUSOS). Y al campesino se le muere la esposa porque no tiene muchas veces ni medicina ni médico para ella. Y al campesino no solo se le han muerto los hijos por falta de medicinas, sino que casos hay —y no pocos— en que se le han muerto los hijos por hambre.

Al redimir al campesinado, la Revolución está dando su primer paso para constituir una verdadera democracia, una democracia sin esclavos, una democracia sin ilotas, y que es hoy el caso extraño de una democracia no representativa, sino más pura todavía; una democracia que tiene vida a través de la participación directa del pueblo en sus problemas públicos, porque solo tienen vigencia en nuestra patria la voluntad y los intereses del pueblo. Si no estuviera el pueblo con nuestra Revolución, si el pueblo hubiese dispuesto otra cosa, no seríamos nosotros de nuevo Primer Ministro del Gobierno Revolucionario (APLAUSOS PROLONGADOS).

En manos del pueblo quedó la decisión. El pueblo pudo haber dicho que no regresara, como pudo decir y dijo que regresara (APLAUSOS). No se ha cumplido pues la voluntad de un hombre o de un grupo de hombres; ¡se ha cumplido la voluntad de un pueblo! (APLAUSOS PROLONGADOS.)

Por lo demás, que nuestros enemigos digan y escriban lo que quieran, que los intereses enemigos de nuestra Revolución digan y escriban lo que quieran; en definitiva, lo primero que nos importa es lo que piense nuestro pueblo, y lo que piense nuestro pueblo será lo que piensen los pueblos hermanos de América, cuando por encima de todas las campañas pagadas se abra paso la verdad.

En definitiva, puedo repetir otra vez con absoluta certeza a los detractores de nuestra Revolución: “¡Condenadme, no importa, la historia me absolverá!” (APLAUSOS.)

Así regresamos de nuevo al trabajo que veníamos desempeñando desde hace algunos meses; regresamos de nuevo a nuestra tarea de llevar adelante las leyes revolucionarias; regresamos a nuestra lucha sin descanso por hacer realidad las aspiraciones de nuestro pueblo. Pero regresamos más convencidos todavía del porvenir extraordinario de nuestra patria; regresamos más convencidos todavía de que nuestra Revolución es invencible; regresamos más convencidos todavía de que nuestro pueblo merece toda la fe que hemos puesto en él, de que nuestro pueblo merece los sacrificios, y muchos más, que hemos estado haciendo por él (APLAUSOS). Regresamos con la convicción más profunda todavía de que los pueblos son agradecidos y que agradecen mucho más allá de los beneficios que reciben. Regresamos para seguir adelante, no un camino fácil; un camino difícil, pero un camino que podremos recorrer sin la menor duda y sin la menor vacilación, porque para recorrer esos caminos difíciles lo que se necesita es lo que tenemos, es decir, ¡un pueblo capaz de marchar adelante por encima de todos los obstáculos! (APLAUSOS), y un pueblo que, educado en esta gesta revolucionaria nadie lo podrá confundir fácilmente, nadie lo podrá engañar fácilmente, y nadie podrá impedir, ni fácilmente, ni difícilmente, ni de ninguna manera que cumpla su destino histórico (APLAUSOS).

Esa era la confianza que teníamos en el pueblo cubano, que tuvimos siempre, que tuvimos cuando llegamos a las costas de Cuba con 82 hombres, que tuvimos cuando aquellos 82 hombres quedaron reducidos a un puñado de 10 ó 12 hombres, que tuvimos en los momentos más difíciles, como después de aquel revés que significó para nosotros el primer combate revolucionario; la fe que tuvimos cuando estábamos en las prisiones o cuando estábamos en el exilio. Esa fe que nos permitía tener la seguridad de que si decíamos —como dijimos en aquella ocasión— que si continuaban las campañas contra la justicia revolucionaria íbamos a reunir un millón de cubanos frente al Palacio Presidencial, ¡y un millón de cubanos se reunieron frente al Palacio Presidencial! (APLAUSOS.) Esa fe que nos hizo decir que si continuaban las campañas contra la reforma agraria diciendo que los campesinos no la querían, íbamos a reunir medio millón de campesinos con sus machetes en la capital de la república (APLAUSOS).

Y algo más, algo más de medio millón de campesinos se han reunido con sus machetes. Y dijimos medio millón de campesinos; no dijimos que medio millón también de campesinas, no dijimos que trajeran también a sus esposas, porque no era posible exponerlas a las incomodidades y a los rigores de viaje en camiones y en medios de locomoción que no eran suficientes para traer a esa gran masa de campesinos que vinieron a La Habana y donde tuvieron que venir en las peores condiciones. Y como no era posible someter a las esposas de los campesinos a ese sacrificio, no dijimos que viniera también medio millón de campesinas; pero si hubiéramos dicho que viniera medio millón de campesinas, que vinieran los campesinos con sus mujeres (EXCLAMACIONES), en vez de medio millón de campesinos, habría venido un millón de campesinos y campesinas, y La Habana, las familias de la capital de la república, que tan generosamente se han portado, les habrían abierto también las puertas y habrían encontrado modo de alojar también al medio millón de campesinas (APLAUSOS).

¿Por qué teníamos la seguridad de que los campesinos vendrían y traerían sus machetes? Sencillamente porque tenemos fe en nuestro pueblo, sencillamente porque cada uno de nosotros sabe la semilla que vamos sembrando y que esa semilla fructifica en un pueblo tan formidable como el nuestro. Por eso no podía dudar ni un segundo de que el medio millón de campesinos vendría, y no se me oculta que muchos cientos de miles de campesinos se quedaron con los deseos de venir porque no tenían medios de transporte (APLAUSOS).

Pero los que vinieron, como muestra de lo que es nuestro campesinado, son más que suficientes. Y si aquí hay medio millón con machetes que significan medio millón de soldados de la Revolución (APLAUSOS), allá en el interior de la república, allá en los pueblos y campos del interior de la república, hay un millón y medio más de hombres que son también un millón y medio más de soldados de la Revolución (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Mas si en la capital de la república hay en estos instantes medio millón de campesinos, también hay otro medio millón de obreros, de jóvenes y de hombres de todas las condiciones sociales, dispuestos a defender también nuestra Revolución (APLAUSOS), porque los obreros están dispuestos también a comprar su machete (APLAUSOS), los estudiantes están dispuestos también a comprar su machete (APLAUSOS), los profesionales están dispuestos también a comprar su machete (APLAUSOS). Y prácticamente, salvo unos cuantos, unos cuantos parásitos, unos cuantos resentidos con las leyes justísimas de nuestra Revolución; salvo unos cuantos que no tienen más patria ni más sentimiento ni más ideal que sus bastardos intereses, no hay cubano ni hay cubana que no esté dispuesto a coger su machete para defender la Revolución y la patria (APLAUSOS). Por eso nuestra Revolución es fuerte, por eso nuestra Revolución es invencible. Por eso: ¡Porque hay un pueblo dispuesto a morir para defenderla!

Cuando digo que el pueblo está dispuesto a morir para defenderla, lo digo con la misma seguridad con que dije que medio millón de campesinos vendrían a La Habana (APLAUSOS); lo digo porque lo creo firmemente y porque es una verdad que nadie duda. Por eso nuestra Revolución es invencible. Y cuando hablo de la fuerza y del poder de nuestra Revolución, no es para que nadie le tema, porque nadie tiene razones, como no sean bastardas y egoístas razones, para temer a nuestra Revolución.

Cuando digo que somos fuertes, no es porque nos consideremos fuertes para agredir a nadie, no es porque nos sintamos fuertes para quitarles nada a otros pueblos, porque —como hemos dicho— ­solo aspiramos a vivir de nuestras riquezas y no de las riquezas de otros pueblos, solo aspiramos a vivir del esfuerzo y del sudor de nuestro pueblo y no del esfuerzo y del sudor de otros pueblos (APLAUSOS).

Cuando digo que nuestra Revolución es fuerte, no es para que otros pueblos puedan albergar temor alguno de nuestra Revolución, porque nuestra Revolución lucha por su pueblo y no contra ningún otro pueblo del mundo; nuestra Revolución lucha por el pueblo que la está realizando y ningún pueblo del mundo tiene nada que temer de nuestra Revolución.

Esos que les mienten a los pueblos, esos que descarada y cínicamente quieren engañar a otros pueblos despertándoles temores sobre nuestra Revolución, esos intereses creados y egoístas, esos que quieren engañar a otros pueblos, esos solo están velando por sus intereses bastardos y egoístas, porque ningún pueblo tiene nada que temer de nuestra Revolución.

Cuando digo que nuestra Revolución es fuerte, cuando digo que nuestra Revolución es fuerte no expresamos una fortaleza agresiva contra nadie. Para agredir a otros pueblos no seríamos fuertes, porque nuestra fuerza está en la justicia de nuestra causa, y no es justo agredir en ningún orden —ni en orden político, ni en orden económico— a otros pueblos.

Cuando digo que nuestra Revolución es fuerte, quiero decir que nuestra Revolución es fuerte para defenderse, y ahí sí que digo que no hay fuerza en el mundo capaz de vencer a nuestra Revolución (APLAUSOS).

Cuando digo que nuestra Revolución es fuerte, significo que sabemos lo que queremos, que sabemos lo que estamos haciendo, y que nos sabemos en nuestro justísimo derecho de hacerlo, porque todos los pueblos tienen el derecho fundamental de luchar por el progreso, de luchar por un destino mejor, que signifique el máximo grado de felicidad posible. Ese derecho, que es el más legítimo derecho de todos los pueblos, es también un derecho nuestro. Y sabemos que lo que estamos haciendo no persigue perjudicar a ningún otro pueblo del mundo, sino persigue realizar el legítimo derecho del pueblo de Cuba a ser feliz.

Cuando actuamos así, sabemos que lo hacemos en uso de otro derecho sagrado a los pueblos, que es el derecho a la soberanía. Sabemos que estamos ejerciendo ese derecho a nuestra soberanía, que nadie tiene derecho a interferir la soberanía de ningún pueblo, que nadie tiene derecho a fiscalizar los actos que un pueblo con mayoría abrumadora como este está realizando.

Que nosotros no tenemos que rendirle cuenta a nadie de nuestros actos, porque somos un pueblo libre, porque somos un pueblo soberano, porque tenemos derecho a luchar por nuestra felicidad, y porque ese derecho es un derecho soberano y sagrado de los pueblos, porque Cuba es una república independiente y soberana. Que por eso decenas de miles de cubanos han muerto desde mediados del siglo pasado, que por eso ha tenido que luchar muy duramente nuestra patria.

Por eso, porque nuestra patria es soberana e independiente, porque no somos ni protectorado ni colonia ni alcaldía de ningún otro país, es por lo que digo que estamos ejerciendo el legítimo derecho de un pueblo a su felicidad y a su libertad. Y lo estamos haciendo de la única manera legítima, porque no es una minoría que se imponga a una mayoría por la fuerza: lo estamos haciendo con una absoluta mayoría del pueblo. Y si no es legítimo aspirar a la felicidad ejerciendo el derecho a la soberanía que tienen todos los pueblos y haciéndolo con el respaldo mayoritario de la nación, porque los que mandan son la mayoría de la nación, entonces ¿qué cosa sería legítima en un pueblo?

Los cubanos estamos ejerciendo esos derechos tan legítimos que solo los insensatos se atreven a desconocer; solo aquellos a quienes el egoísmo o la ignorancia ciegue, se atreven a desconocer; solo aquellos que puedan hablar en nombre de principios egoístas, colonialistas, explotadores, enemigos de la libre determinación de los pueblos, enemigos de los gobiernos mayoritarios y democráticos de las naciones, se atreverían a desconocer. Porque solo egoístas, ignorantes o insensatos se pueden considerar esos políticos extranjeros, que haciéndole un flaco servicio al pueblo al que pertenecen —porque nosotros no somos enemigos de ningún pueblo y porque nosotros lo que queremos son las mejores relaciones de amistad con todos los pueblos—; solo políticos ciegos, solo escritores mercenarios, solo hombres que se mueven aspirando a defender bastardos intereses, son capaces de desconocer esta realidad de que somos un pueblo soberano que aspira a la felicidad por voluntad palpable e innegable del 95% de sus hijos (APLAUSOS).

Los que tal actúan, no solo actúan como enemigos del pueblo cubano, sino que actúan como enemigos de sus propios pueblos. Lo que hacen con eso es despertar antipatías en el pueblo cubano; lo que hacen con eso es despertar un resentimiento más que explicable y justificado en el pueblo cubano, porque no de otra forma pueden reaccionar los pueblos cuando se les ofende y cuando se les hiere, porque amigos a la fuerza no seremos de nadie. No podemos ser amigos de los que nos ofenden; no podemos ser amigos de los que nos insultan y nos calumnian; no podemos ser amigos de los que nos atacan; no podemos ser amigos de los que nos explotan; no podemos ser amigos de los que nos desconocen, de los que nos faltan el respeto, de los que lesionan nuestros sentimientos (APLAUSOS). Amigos a la fuerza no seremos de nadie, porque tenemos la suficiente dignidad y el suficiente honor para no ser amigos de los que nos atacan, nos hieren, nos ofenden y quieren interponerse en el futuro y en el progreso de nuestro pueblo (APLAUSOS).

Los cubanos aspiramos a las mejores relaciones con los demás pueblos. Los cubanos no somos enemigos de ningún pueblo. Los cubanos no miramos con odio a los ciudadanos de ningún pueblo por los agravios que recibamos de los malos políticos y de los defensores de intereses bastardos, que tanto daño puedan hacer a ese pueblo como a nosotros.

Los cubanos proclamamos que no somos enemigos de ningún pueblo, que no somos enemigos de los ciudadanos de ningún país, siempre que respeten las leyes de nuestro país, siempre que respeten los sentimientos de nuestro país, siempre que quieran ser amigos de nosotros, porque al que nos abra las manos, le abrimos las manos; al que nos abra los brazos, le abrimos los brazos (APLAUSOS). De la misma manera que sabemos enfrentarnos con toda la dignidad necesaria a los que en vez de extendernos la mano nos quieren clavar el puñal, a los que en vez de extendernos la mano nos quieren retrotraer al pasado odioso y a la vida sin esperanza ni fe en que estaba sumido nuestro pueblo (APLAUSOS).

Esos son los sentimientos de nuestro pueblo y no puede ser ningún otro. Si un pueblo en el mundo puede ser amigo de los demás pueblos, es este, porque, como dije, no queremos vivir de la riqueza de otros pueblos, sino de la riqueza de nuestra tierra; no queremos vivir del esfuerzo de otros pueblos, sino del esfuerzo y del sudor de nuestro pueblo. y los pueblos que aspiramos a vivir y a disfrutar nuestras propias riquezas, a recibir los frutos de nuestro esfuerzo y de nuestro sudor, no podemos tener razón alguna para tener conflictos con otros pueblos.

Un pueblo que se propone un fin tan justo como el que se propone el pueblo cubano, puede proclamar su aspiración a ser amigo de todos los pueblos, porque daño no le queremos ni le podemos hacer a nadie, daño nunca le haremos a nadie. Daño nos han hecho a nosotros, daño hemos tenido que sufrir nosotros; pero nosotros, los cubanos, a nadie le hemos hecho daño ni a nadie le haremos daño (APLAUSOS). Por eso lo que nuestra Revolución se propone y lo que nuestro pueblo quiere es no ser víctima de ningún interés internacional egoísta e injustificado. Por eso, lejos de querer hacerle daño a nadie, lo que queremos los cubanos, con todo el derecho del mundo, es que no nos hagan daño a nosotros, que no nos sigan haciendo daño, que se ponga fin a todo lo que ha significado daño para nosotros, y que ningún interés se interponga en esa legítima aspiración de nuestro pueblo, porque es una aspiración tan justa, que todos los hombres honrados del mundo, todos los hombres que tengan conciencia en cualquier lugar del mundo, lo reconocerían sin vacilación alguna.

Estoy seguro de que si —como están hoy visitantes ilustres de otros países— los ciudadanos de cualquier otro país del mundo, a los que han tratado de inculcarles todo género de prejuicios y de mentiras contra nuestra Revolución, pudieran en estos instantes estar viendo lo que es esta Revolución, pudieran haber presenciado esta semana en la capital de la república, que rompe todos los récords de generosidad humana, de confraternización humana, que rompe todos los récords de identificación y de integración… Porque casi me atrevo a decir que ningún pueblo del mundo ha podido contemplar este espectáculo tan maravilloso, tan grandioso, tan humano como ha sido la visita a nuestra capital de los campesinos (APLAUSOS), las atenciones que ha tenido esta ciudad con esos campesinos.

Los que hayan vivido estos días de alegría incomparable, los que hayan presenciado esa noche de ayer, los que hayan presenciado este desfile de hoy, los que hayan visto marchar a esos soldados con el aplauso de la ciudadanía, a esos soldados que llevan un arma, marchando ante un pueblo —que esa arma es para defenderlo y no para oprimirlo, es para ayudarlo y no para esclavizarlo—, ese espectáculo y estos hechos, esta alegría desbordante e inusitada, esta concentración que, si se tiene en cuenta el número total de habitantes que tiene nuestro país, es sin duda uno de los actos más grandes, quizás una de las concentraciones más grandes que se haya producido en el mundo, y que se produce sencillamente por la conjunción feliz de una serie de circunstancias tales como el anhelo de un pueblo, que viene de muy atrás, de alcanzar una meta soñada y que tanto sacrificio le ha costado; la circunstancia de renacer la fe y la esperanza de este pueblo; la circunstancia de ver convertidos en realidades los primeros pilares de esas aspiraciones que tanto ha deseado; la circunstancia de haber sido este un pueblo muy sufrido que ha tenido que luchar mucho, lo que ha forjado en él una gran madurez y una gran conciencia política; la circunstancia de ser este un pueblo inteligente y un pueblo de natural bondadoso y entusiasta, de natural enérgico y valiente. Esas felices circunstancias se han unido para producir este acontecimiento que se está produciendo en nuestra patria y de lo cual no hablan nuestras palabras, sino que hablan los hechos, hablan los cientos de miles de ciudadanos que se reúnen, habla toda una ciudad actuando con un solo pensamiento, con un solo sentimiento, con un solo propósito.

Pocas veces en el mundo se puede haber visto una congregación humana más unida, más fervorosa, más combativa que esta congregación humana que es hoy nuestro pueblo. Si otros pueblos del mundo pudiesen ver eso, como réplica a las campañas, como réplica a las calumnias, como réplica a los agravios que se infieren a la Revolución, que significa el sentimiento absolutamente mayoritario de nuestra patria, tengo la seguridad de que ni un solo ciudadano de otros pueblos dejaría de sentir simpatías hacia nosotros y dejaría de solidarizarse con nosotros, de la misma manera que nosotros espontáneamente nos solidarizamos con cualquier esfuerzo justo que por los mismos fines que nosotros pueda hacer cualquier otro pueblo del mundo (APLAUSOS).

Pero nosotros, desgraciadamente, no podemos disponer para divulgar nuestras verdades de los medios de divulgación que informan al mundo, nosotros no podemos contar siquiera con la imparcialidad de esos órganos de divulgación. Nosotros somos víctimas de todos los escritos interesados y amañados y de todas las informaciones de igual índole que se hagan contra nuestra Revolución. Nosotros no somos los dueños de esas agencias que se encargan de divulgar todas las calumnias imaginables contra Cuba. Nosotros no podemos contar siquiera con la imparcialidad de esos órganos que en el extranjero nos atacan, esos mismos órganos que han atacado toda causa justa, esos mismos órganos que han atacado en esos propios países a los gobernantes más honrados y más capaces que han tenido. Nosotros no podemos siquiera contar con la imparcialidad de esos órganos y tenemos que ser víctimas de todas esas calumnias.

Tenemos amigos, tenemos escritores que hablan también a nuestro favor. Pero el escritor espontáneo ejerce un trabajo que no es sistemático, y en cambio los órganos interesados, los que responden a intereses mercenarios, esos órganos realizan un trabajo sistemático e incansable contra nuestra Revolución. A pesar de que sea justa, a pesar de que la mejor prueba de esa justicia es la actitud de nuestro propio pueblo —porque los pueblos jamás están con algo que no sea noble, los pueblos jamás están con algo que no sea justo—, a pesar de ser justísima nuestra Revolución, tenemos que ser víctima de todas las campañas que se hagan contra ella.

Esas campañas se realizan en todo el mundo, esas campañas se realizan entre nuestros pueblos hermanos de América Latina, porque desgraciadamente los pueblos de América Latina han sido hasta hoy, en parte, pueblos de opiniones controladas, pueblos de opiniones prefabricadas, porque esos pueblos no han estado recibiendo otra información que informaciones interesadas, que informaciones amañadas, que traen como consecuencia opiniones controladas; porque cuando un pueblo no tiene oportunidad de percatarse de una verdad, de recibir una información justa y correcta, y no recibe y no lee y no ve ni oye decir otras cosas que informaciones falsas, esas circunstancias hacen que los pueblos sean pueblos de opiniones controladas.

No concibo cómo se pueda hablar de democracia practicando el sistema de opiniones controladas, porque una de las cosas que decía aquí, al empezar mis palabras, es que nosotros le hablamos al pueblo, pero a hablarle al pueblo tiene derecho todo el mundo. Al pueblo pueden hacer llegar sus razones, si las tienen, hasta los enemigos de la reforma agraria, hasta los enemigos de las leyes revolucionarias, porque han tenido a su disposición los medios y la plena libertad de hacerla.

Luego nosotros somos enemigos de las opiniones controladas. No concibo cómo se puede hablar de democracia aspirando a controlar, incluso, las opiniones de otros pueblos, aspirando a que los pueblos piensen de acuerdo con intereses determinados, intereses que generalmente son enemigos de esos mismos pueblos, porque los han estado manteniendo en la miseria y en la pobreza mediante la más brutal explotación (APLAUSOS).

Así, aunque la Revolución nuestra sea justa —tan justa que si pudieran los ciudadanos de cualquier parte del mundo contemplar lo que es nuestra Revolución estarían con ella—, sin embargo, repito, no está en nuestras manos contar siquiera con la imparcialidad de esos órganos de divulgación.

Pero como todos los poderes, por grandes que sean, de intereses determinados, tienen su límite, el límite de esas posibilidades está aquí en nuestras propias fronteras, y está en ese instinto de los pueblos, está en los amigos que nuestra Revolución tiene en los pueblos hermanos de América Latina, en los líderes revolucionarios, en sus hombres de pensamiento, en sus hombres de sentimiento, en sus hombres de ideales, que desean para cada uno de sus respectivos pueblos —pueblos que son hermanos de nosotros—, que desean los mismos fines que nosotros estamos deseando para el nuestro.

Ese es el límite que tienen la calumnia y la mentira: la inteligencia y el instinto de los pueblos hermanos, los hombres de prestigio, los revolucionarios como nosotros en los pueblos hermanos de América Latina, que trasmiten a sus pueblos esa verdad, que comprenden la tragedia que está padeciendo hoy nuestra Revolución con las campañas internacionales, que es lo que les ocurre a todos los pueblos que quieren hacer una revolución; que es lo mismo que le ocurrió a México con su revolución; que fue lo mismo que le ocurrió al ilustre general Lázaro Cárdenas con sus leyes revolucionarias tomadas en México (APLAUSOS), y que, como él mismo dijo, fueron causa de toda una serie de campañas interesadas contra los miembros de su gobierno.

Ese es el límite y el límite de la realidad que aquí dentro de nuestras fronteras nuestro pueblo está contemplando. Porque, ¿de qué manera pueden hacer mella en la solidez interna de nuestra Revolución si las agresiones de que hemos sido víctimas, las ofensas de que hemos sido víctimas, los ataques de que hemos sido víctimas y las traiciones que se han promovido contra nuestra Revolución lo que han logrado es hacerla más fuerte? ¿Acaso no es hoy nuestra Revolución más fuerte que hace un mes? ¿Acaso después de las ofensas que se han inferido a nuestra patria, nuestra Revolución no es más fuerte? ¿Qué han conseguido? Hacer más fuerte nuestra Revolución.

Luego no podrán debilitar el formidable respaldo de opinión pública con que cuenta el Gobierno Revolucionario. No podrán debilitarlo, y todas las acciones que lleven adelante contra nosotros servirán para hacer más fuerte a nuestra Revolución.

¿Por qué? Porque este es un pueblo que no se acobarda, porque este es un gobierno que no se acobarda. Sucedería con pueblos y con gobiernos que se acobardasen, de gobiernos más pendientes de lo que piensan afuera que de lo que piensan adentro. Nosotros somos un gobierno pendiente esencialmente de lo que piensen adentro. Nos puede preocupar lo que piensen afuera, pero no nos importan en absoluto las campañas que contra nuestra Revolución hagan los intereses que están contra ella, porque, en definitiva, no estamos aquí pendientes de lo que se diga o se piense en el Senado de ningún otro país, porque en definitiva nuestro Senado es ese (SEÑALA A LA MULTITUD). Ese, el pueblo, es nuestro Senado.

De lo que piense ese Senado, de eso sí nos preocupamos nosotros, de lo que piensen nuestros compatriotas, porque nosotros les tenemos que rendir cuentas, antes que nada, a nuestros compatriotas, y lo que piensen nuestros compatriotas es por encima de todo lo que nos interesa. Somos un gobierno que atendemos a la opinión de nuestro pueblo, y salvo porque nos interesa el prestigio de la Revolución, salvo porque deseamos que se tenga un criterio justo de nuestra Revolución, por lo demás, ¡por lo demás!, no nos importa en absoluto lo que piensen ciertos sectores políticos o ciertos órganos públicos de otros países. No nos importa en absoluto porque estamos pendientes de lo que piensen aquí, no de lo que puedan pensar en ninguna otra parte.

De ahí que los ataques que se hagan contra nuestra Revolución, calumniosamente e interesadamente, hagan más fuerte a nuestra Revolución, porque ni el pueblo se acobarda ni el gobierno se acobarda. Y el pueblo no se acobardará jamás y el gobierno no se acobardará jamás, ya que al fin estamos comprendiendo a nuestro Apóstol, al fin estamos practicando aquellas ideas del Apóstol de nuestra independencia, al fin hemos aprendido a vivir de pie y al fin hemos comprendido que más vale morir de pie que vivir de rodillas (APLAUSOS).

Esa sabia y filosófica enseñanza de nuestro Apóstol la hemos aprendido. No queremos ser pueblo sumiso, no queremos ser pueblo impotente, no queremos ser un pueblo arrodillado, porque adivinamos, comprendemos que esta felicidad que estamos viviendo al contemplar que nuestro país marcha hacia la más plena y absoluta soberanía, que marcha hacia la elaboración de su destino con sus propias manos; esta alegría que emana de la felicidad de sentirnos libres, de sentirnos soberanos, de sentirnos libres de proteccionismos o injerencias extrañas y de sentirnos libres de tiranías internas, de sentirnos libres de miedo, de sentirnos libres de opresión, de sentirnos libres de humillaciones; esta satisfacción que hoy tiene cada cubano de verse un ser humano, un ser humano con derechos, un ser humano objeto de todas las consideraciones que como tal ser humano merece; el hecho de sentirse pueblo y no rebaño, el hecho de sentirse hombre y no bestia, el hecho de sentirse poseedor de derechos, poseedor de valores que son sagrados; el hecho, en fin, de sentirse persona —porque no éramos personas bajo la tiranía: bajo la tiranía éramos peor tratados que las bestias, bajo la tiranía sufríamos torturas que las bestias no sufren, sufríamos dolores que las bestias no sufren, sufríamos crímenes y atrocidades que las bestias no sufren—, y esa alegría de dejar de ser tratados como bestias para sentirnos hombres, para sentirnos que tenemos derecho a nuestra libertad, sentirnos que tenemos derecho a nuestras vidas, sentirnos que tenemos derecho a las vidas y a la seguridad de nuestros seres queridos, esa alegría no se la podrán volver a arrebatar jamás a nuestro pueblo (APLAUSOS).

Cuánto se equivocan los que piensen que Cuba se puede resignar tranquilamente a volver al pasado. Cuánto se equivocan los que creen que aquí pueden venir otra vez los criminales de guerra, que pueden venir otra vez los asesinos, aquellos jefes de ejército, jefes de policía, jefes de cuerpos de investigación y jefes de cuerpos de represión que eran el terror de toda la ciudadanía, que nos hacían vivir en aquella tristeza, en aquella amargura, en aquella humillación permanente. Qué equivocados están los que creen que la seguridad y la libertad de hoy, el honor de hoy, la soberanía de hoy, la gloria de hoy, el prestigio de hoy, el pueblo de Cuba se resignaría mansamente a que se lo arrebataran para volver a imponerles aquel pasado odioso (APLAUSOS).

Qué equivocados están los que crean que aquí pueden regresar a buscar sus prebendas, que aquí pueden regresar a buscar sus negocios, a buscar sus edificios, a buscar sus fincas y a buscar sus cuentas de bancos los criminales que tan cobardemente se fugaron el primero de enero para ahora estar sirviéndoles de instrumento a enemigos de nuestra patria, para ahora estar en contubernio con los peores enemigos de Cuba, en un presunto propósito de volver a nuestra patria, porque esos negocios no los volverán a tener jamás. Ni aquí se volverá a implantar el juego odioso y explotador de nuestro pueblo, ni aquí se podrá volver a implantar la tortura, ni aquí se podrá volver a implantar la malversación, la prebenda, ni aquí podrán volver a recobrar sus edificios, ni aquí podrán volver a recobrar sus fincas, porque esas 8 000 caballerías de tierras, esas caballerías de tierras pasarán a manos de nuestros campesinos; ni aquí podrán volver a recuperar sus cuentas bancarias, porque esos 20 millones de pesos, ¡esos veinte millones de pesos! van a parar directamente a manos de los campesinos en equipos, en créditos, en semillas, en viviendas y, en fin, en todos los propósitos que la reforma agraria persigue (APLAUSOS).

¡Porque la reforma agraria va! ¡Y la reforma agraria va! Y no solo va, sino que ahora va mejor todavía, porque ahora tenemos en el bolsillo 20 millones de pesos más, 20 millones que hemos recuperado de las cuentas bancarias de los malversadores (APLAUSOS), 20 millones que se les quedaron en la fuga, 20 millones que extrajeron como sanguijuelas de la economía de nuestro pueblo, de los recursos de nuestro pueblo. Y la reforma agraria sale hoy de esta tribuna con 20 millones de pesos más para los campesinos (APLAUSOS).

Luego, veo muy difícil que puedan venir a recobrar esas 38 000 cabezas de ganado, que puedan venir a recobrar esos 20 millones de pesos, que puedan venir a recobrar esas 8 000 caballerías de tierra y los bienes enunciados aquí, que no son más que una parte, porque, además, ya ha percibido el Instituto de Reforma Agraria los 17 millones y medio que es, hasta hoy, la suma que significa el haber anulado los billetes de 1 000 y los billetes de 500.

A toda esa relación hay que añadir una relación de edificios de apartamentos, una relación de solares y otra serie de bienes, que hacen ascender a más de 100 millones de pesos el valor de los bienes que a través del Ministerio de Recuperación ha vuelto a recobrar la república y que —como ustedes ven— pasa directamente al Instituto Nacional de la Reforma Agraria ( APLAUSOS) .

Veo muy difícil que puedan venir a recobrar esas tierras, porque en esas tierras y en los grandes latifundios vamos a sembrar campesinos, ¡vamos a sembrar campesinos que van a echar raíces allí y para arrancarlos tendrían que arrancarlos con la tierra! Porque para quitarles otra vez la tierra a los campesinos, tendrían que matar a este medio millón de campesinos y al millón y medio que quedaron en el interior de la república (APLAUSOS).

Así que qué equivocados están. ¡Qué equivocados están los que crean que van a venir otra vez a recobrar sus finquitas, sus cuentecitas y sus negocitos! ¡Qué equivocados están! Porque no me explico ni cuándo ni cómo; no me lo explico, porque yo no puedo explicarme que pueda nadie, con ninguna justificación ni con ninguna razón ni con ninguna fuerza, vencer este formidable espíritu moral de nuestro pueblo. Porque no es ni siquiera una cuestión de número, ni una cuestión de fuerza; es, sobre todo, una cuestión moral, la justicia de lo que estamos haciendo, la nobleza de lo que estamos haciendo y que ha despertado este espíritu moral en nuestro pueblo, que es como un gigante indoblegable. ¡Qué equivocados están!

Si se hacen esas ilusiones, hay que llegar a la conclusión de que están irremisiblemente perdidos, porque ningún espectáculo hemos visto nunca, ni creo que nunca se haya visto un espectáculo semejante al de esos machetes que se empuñan, al de esos machetes que se afilan y al de esos machetes que se rozan unos con otros (APLAUSOS).

Ese medio millón de machetes que se agitan y que hablan con la voz característica de su temple y de su filo, manejados por las manos vigorosas de nuestros campesinos, ese medio millón de machetes levantados es el espectáculo más impresionante que hemos visto en nuestra vida, es el espectáculo más imponente que se haya visto posiblemente en ningún lugar del mundo, ¡ese medio millón de machetes que convierten desde hoy el machete en el símbolo de nuestra Revolución! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS)

Fuente: Cubadebate


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Norelys Sánchez